?

Log in

El Castillo Eléctrico

Iron Maiden - The Final Frontier

EL CASTILLO ELÉCTRICO

sith

Iron Maiden - The Final Frontier

Previous Entry Share


 

Antes de comenzar a desgranar lo que ofrece el último disco de los reyes del metal clásico, quiero poner sobreaviso y en contexto a los lectores. Primero: no voy a entrar en la vieja discusión de si los Maiden están viviendo de las rentas y sacando material aburrido, de relleno, y sin el atractivo y la pegada de antaño. Los Maiden sacaron lo que sacaron y ahora sacan lo que sacan, y juzgo por tanto de la manera más objetiva posible la calidad de su lanzamiento, sin olvidar todo lo que llevan detrás y que, lógicamente, se refleja en estos temas. Pero no entiendo el pasado musical como un lastre.
Segundo: soy un fan de Maiden total, aunque tengo que reconocer que muy particular. Por resumir: sus dos primeros discos me encantan, sobretodo Killers (que ya tenía ciertos temas "progresivos" que algunos ahora echan en cara al grupo en sus composiciones más recientes). The number of the beast no me parece su mejor disco. De hecho, prefiero mucho más Piece Of Mind (Revelations es enormemente progresiva). Powerslave es uno de sus discos que menos escucho, a pesar de ser reconocido unánimemente como el principio de su esplendor total. Y entre Somewhere in Time y Seventh Son of A Seventh Son, prefiero sin dudarlo el segundo, en esto si coincido con el gusto de la mayoría como considerarlo su obra maestra (aunque sólo sea por el temazo The Evil that men do, para mi su mejor tema). No prayer for the dying me parece un bajón enorme, aunque con un pequeño puñado de buenos temas. Amo la primera mitad de Fear of The Dark, es memorable, aunque con sinceridad, el tema título me parece ramplón e incluso aburrido.
De la época de Blaze, The X Factor me parece un disco tan misterioso que nunca lo podré descubrir del todo. Aún así, su clima depresivo y lúgubre me echa para atrás, salvo sus 3 o 4 primeros temas, muy buenos. Virtual XI me parece el disco más mediocre, aún teniendo una joya como The Clansman.
Y de la vuelta, que decir. Tras una digna reunión con Brave New World, disco muy bueno, de entre sus mejores, aunque no redondo, sacaron un complejo Dance Of Death, el cual compositivamente tiene un nivel muy alto, pero del cual no he pasado de las 15 escuchas. Y con A matter of life and death dieron un gran paso hacia delante de nuevo, dejando una joya que el tiempo pondrá en su sitio.
Una vez conocidas mis filias y fobias con este grupo, quizá nos situemos mejor en todo lo que contaré a continuación sobre The Final Frontier...

El inicio de la nueva andadura de los Maiden no puede ser más desconcertante. Es inteligentemente extraño. Unos sonidos sintetizados imitando a Muse nos sitúan inmediatamente en una melodía críptica y basada en una caja de ritmos y unas guitarras que suenan afiladas sobre una base rítmica, que inesperadamente, queda cortada de forma algo abrupta, y que da paso a los primeros gritos de Bruce, algo agónicos, que de nuevo abre a la caja de ritmos y las guitarras a las que acompaña con sus versos. Es algo que nunca hemos podido ver ni pensar en un disco de Maiden, ni siquiera en uno de Bruce. Como ellos han admitido, está hecho a propósito para confundir, y vaya si lo han conseguido.
Esta extraña introducción se disloca totalmente en el tema título, "The Final Frontier", y realmente hay que admitir que esta conjunción no ha quedado muy bien. No casa. El tema es una melodía simple y claramente pegadiza, con gancho, y que se mueve en algo así como AOR adaptado al estilo de Maiden. Solos clásicos engarzados, y desde luego, la mejor apertura de un disco desde "The Wicker Man" en "Brave New World" (hablamos de la última etapa del grupo, claro está). Pero tampoco la supera. Es más, el tema es bueno pero se ha quedado en algo que, después de las escuchas sucesivas, se vuelve algo cansino. Funcionará estupendamente en directo, pero la inercia de la composición adolece de algún cambio (ahora si) que la situase en otra onda.
Es extraño que el siguiente tema haya sido elegido como single, "El Dorado", sobretodo después de escuchar la precedente. Un inicio algo al estilo del "Hit the lights" de Metallica, presenta un tema con reminiscencias iniciales al disco "Powerslave" muy claras. Las rítmicas prácticamente dobladas, unos versos bastante capícuas (el tema está concebido algo de esa manera, se cierra de la misma manera que se abre), y un puente que hace que la canción crezca. Sin embargo, el estribillo queda algo más insulso. Después, se abre un pasaje corto típico de Maiden (el bajo de Harris es totalmente "Powerslave") con los dos solos cruzados de rigor que acaban devolviendo a las rítmicas poderosas al cauce normal, con los primeros síntomas reconfortantes de Harris haciendo "cabalgar" la línea del bajo.
El tema, que ha sido muy mal aceptado, va creciendo con las escuchas sucesivas. Al principio no te dice absolutamente nada, es más, te da una muy mala carta de presentación del disco, pero con el tiempo se convierte en un tema simplemente bueno, aceptable.
Hasta ahora el disco podríamos decir que ofrece sensaciones confusas e incluso pobres. Los elementos nuevos no convencen y los guiños no están a la altura. Sin embargo, a partir de aquí, se abre una etapa de transición, con un "Mother of mercy" que recuerda a "Brave New World" y "AMOLAD". Una melodía de guitarra ligera y cristalina con unos versos al principio lúgubres, luego más épicos. Y después, el tema explota (dicen que si no explota no puede ser un tema realmente Maiden). Adquiere una dimensión más rítmica y desemboca en un estribillo donde Bruce se desgañita como pocas veces. Es un tema que bien podría haber cuadrado tanto en el BNW como en el AMOLAD. Aún así tampoco me convence mucho, es demasiado lineal de nuevo, cuando tiene potencial para llevarlo a otro estadio.
La cosa empieza a cambiar ligeramente con "Coming Home". Este medio tiempo, que linda con ser una suerte de balada (recordemos que Maiden sólo tiene una balada realmente en su repertorio, "Wasting Love"), está claramente influenciada por Bruce Dickinson. Recuerda a los matices de "Accident Of Birth" o su grandioso "Chemical Wedding".Es un tema realmente emocional, que te golpea como en su día hizo Bruce con "Inertia", y con un estribillo muy melodioso que crece y crece. El tema más comparable en el tiempo con éste es "Blood Brothers"... pero vuelve a pasar lo mismo: no lo mejora. Y uno llega a una conclusión precipitada de que, hasta ahora, hay cuatro temas muy variados, pero que globalmente el resultado es bastante plano. Falta más profundidad o más contundencia.
"The Alchemist" ofrece contundencia. Al estilo de "Powerslave" de nuevo, esta vez todavía más claro. Un tema similar, por ejemplo, a "Flash Of The Blade", aunque pisando más el freno y con más madurez.También ofrece sensaciones cercanas a los temas más rítmicos de "No prayer for the dying". Y el bajo cabalga como nunca desde que se reunió de nuevo la banda.Es quizá el tema más clásico de Maiden de este disco.
La confusión se disipa totalmente en los primeros compases de "Isle Of Avalon". Un bajo acompañando a una melodía semi-acústica muy sugerente, deja paso a un Bruce teatral, con silencios y espacios para que se vaya creando una atmósfera única. La melodía va in crescendo poco a poco, latente poco a poco una sensación de que la explosión va a ser mítica. Bruce empieza a cantar con más poderío y fuerza, sin abandonar el deje inicial, hasta que la cosa estalla. Simplemente alucinante. Sinfónico y progresivo, este tema nos situa en una actualización de "The rime of ancient mariner". El pasaje es más experimental, una especie de improvisación que nos devuelve a la melodía preciosista inicial. También aparece la sombra alargada del "AMOLAD" y nos situa en otro escenario al que enfrentarse a la escucha del disco.
Con la gran sensación que se queda de este tema, se inicia "Starblind". De nuevo una melodía similar, más intimista, y un Bruce que ahora entra en un terreno algo más folk, escribiendo de nuevo una actuación magnífica. Pero al poco la guitarra entra y Bruce se vuelve más desgañitado. El tema sisea hasta que Bruce clama ¡Starblind! e introduce un estribillo glorioso y magnífico, que rinde tributo a los tiempos de "Seventh Son of a Seventh Son".Netamente metálico, progresivo-folk, y ese leve toque de teclados que tanto elevó al disco recordado a los altares de los mejores del metal y del grupo. Este tema se hace casi en la primera escucha uno de los favoritos del disco. Una mezcla perfecta entre los Maiden de ahora y de aquellos tiempos.
"The Talisman" sigue por los mismos derroteros, con una guitarra acústica y una introducción todavía más folkie, que se alarga haciendose cada vez más oscura, en parte por el tono inusualmente grave que aporta Bruce. Esto queda hecho pedazos por la versión speedica de la melodía con ahora un Bruce en su salsa, entre el epicismo de los tiempos del "Dance Of Death" y las tesituras progresivas del AMOLAD.La estructura de la composición es típicamente Maiden, que evoluciona positivamente en pasajes centrales muy cohesionados. También se pueden oler ciertos efluvios de la época de Blaze Bayley, más en la onda del "Virtual XI". Quizá la pega de este tema es que se alarga un poco de forma innecesaria (cosa que era regla general del "Dance Of Death"), en contraposición con la densidad. Las cualidades vocales de Bruce por contra, embellecen el final.
"The man who would be king" de nuevo oscila en su introducción dibujada con la guitarra entre un tema de la época de "somewhere in time" y una melodía pausada y melancólica del tipo de "The X factor". Después, lo sinfónico es lo que define este tema. En su segunda introducción que da paso a una composición totalmente en la línea AMOLAD, y luego en el puente en el que los teclados aportan una atmósfera sensacional. Es el tema más continuista con el álbum anterior, aportando esta vez una fusión exótica en su parte intermedia, con un pasaje que provoca una ruptura del tema, muy sinfónico de nuevo, incluso con unas guitarras que van evolucionando a una especie de happy power metal estilo helloween.
Y, saboreando esta sucesión de temas que han dado la dimensión al disco, llegamos al cierre con "When The Wild Wind Blows", un tema en el que el título sugiere su dirección. La intro sigue siendo totalmente como sus predecesoras, en este caso con una melodía dulce y épica, sobre la cual se construye todos los posteriores 10 minutos. Los cambios de ritmo habituales y pasajes instrumentales se suceden (la melodía tampoco da para repetirla 11 minutos seguidos), en lo que es un tema clásico de los últimos discos de Maiden, folkie y épico.
De este modo, la sensación general del disco es muy buena; en parte, porque existen dos partes muy diferenciadas. Las 5 primeras canciones ofrecen variedad algo confusa, temas muy distantes y con personalidad muy diferenciada. A partir de "Isle Of Avalon", el disco se cohesiona mucho más y se vuelve mucho más profundo y elaborado, con momentos magníficos, y pequeños matices sorprendentes. De hecho, es esta segunda parte del disco la que le aporta la personalidad al total. Maiden nunca han hecho discos redondos por constumbre. Ni "The number of the beast", ni "Powerslave", ni "7th son..." han sido discos plagados de temazos continuos, sino más bien de temas excelsos, temas buenos, aceptables e incluso algunos malos. Sin embargo, su capacidad de seguir reinventando y añadiendo grandes temas a su repertorio ya extenso, sin perder un ápice de identidad, y encima mostrar frescura en sus composiciones, está confirmada en este disco.
Su dirección artística está libre de complejos, llena de honestidad, y de algo que a su edad es extraño, un impulso descomunal.
Esperemos que ese impulso les lleve a deleitarnos con unos cuantos discos más como éste. Yo sigo pensando, que con sus virtudes y defectos, sigue siendo la banda de rock más perfecta del momento.
 

 


Powered by LiveJournal.com